Los gobiernos de diferentes países se han visto en la necesidad de instaurar medidas para la contención del COVID-19, lo que a su vez ha afectado en gran medida la actividad económica mundial y por ende las estimaciones de los estados financieros en las compañías afectadas por esta pandemia.

Entre las medidas tomadas para la mitigación de la propagación del virus se encuentran: restricción de movilidad de las personas, cancelación de itinerarios de vuelos, cierre de instituciones educativas y cancelación de eventos masivos. Esta serie de medidas han tenido un gran impacto en diferentes sectores de la economía, que en consecuencia ha generado una menor demanda de ciertos bienes y servicios, como el turismo, transporte, consumo y entretenimiento.

A su vez, las entidades financieras se han visto afectadas por la aplicación de las medidas de salvamentos y alivios por parte del gobierno a las pequeñas y medianas empresas y en mayor medida a personas naturales, que involucran en muchas ocasiones diferimiento en pago de obligaciones crediticias y congelamiento de indicadores de morosidad. Asimismo, los fondos de inversión y comisionistas de bolsa han tenido un impacto en la rentabilidad de sus inversiones dada la caída acelerada de los mercados a nivel global y la gran desaceleración en la economía.


Por lo anterior, la medición del riesgo de crédito de las compañías debe reflejar las implicaciones del COVID-19 en la situación económica futura, a corto y mediano plazo, por medio de la estimación de la provisión en los estados financieros prospectivos, medidos a través de la aplicación de los lineamientos de la normativa NIIF 9. Para ello, nuestro equipo de expertos PwC presenta varios enfoques y estrategias para brindar soportes objetivos a la estimación del deterioro requerido por la normativa.

Identificando incremento significativo del riesgo de crédito (ISRC)

Un elemento clave en la medición del ECL bajo el modelo general es la evaluación del incremento significativo de riesgo de crédito (ISRC), sobre las obligaciones de la cartera de una entidad, y por ende la determinación de una provisión sobre un horizonte de 12 meses o lifetime. En particular, para el primer trimestre de 2020, no ha transcurrido un período de tiempo suficiente desde la última evaluación (e.g. 31 de diciembre 2019) previa a la identificación de la crisis, para realizar la medición del ISRC a través de variaciones entre los niveles de probabilidad de default. Luego, un enfoque podría ser la evaluación colectiva del ISRC a través de factores cualitativos, bajo una agrupación de la cartera que tenga en cuenta aquellos clientes más vulnerables o propensos al default por la situación económica actual. Adicionalmente, otras medidas a considerar para la evaluación del ISRC son:

 

  • Determinar ejercicios de impacto en el valor de la provisión por deterioro, asumiendo que todas las obligaciones de etapa 1 son migradas a etapa 2 o 3, o alternativamente, asumir que no existen movimientos de etapa 1 a etapa 2 o 3.

  • Realizar una distinción entre aquellos clientes significativamente afectados por la crisis y aquellos que no están siendo impactados en mayor medida.

  • Determinar ejercicios de impacto sobre los parámetros utilizados para el cálculo de la provisión bajo la normativa NIIF 9.

  • Análisis colectivo de los sectores económicos más vulnerables a la crisis económica, para estimar de forma más asertiva el ISRC previo a la materialización del mismo.


¿Qué información se debe considerar para la actualización de los parámetros?

En las futuras actualizaciones o recalibraciones de los parámetros para el cálculo de la provisión bajo la NIIF 9, deberán ser definidos los criterios de selección de la información considerada para la actualización de los parámetros, dado que existirán outliers de comportamiento en los meses donde se presenten los efectos de los alivios financieros o los picos de la crisis económica generados por el COVID-19. Las siguientes medidas pueden ser tenidas en cuenta para la definición o selección de dichos criterios:

  • Seguimiento de indicadores del comportamiento de la cartera de obligaciones para determinar aquellos meses con datos atípicos generados por las medidas gubernamentales o por los picos de la crisis.

  • Seguimiento a las medidas tomadas por las entidades a nivel global en cuanto a los criterios de selección de la información a incluir en los futuros ejercicios de cálculo de la provisión bajo NIIF 9 (e.g. ECB, IASB).

  • Revisión a la segmentación auxiliar generada para la evaluación del incremento significativo del riesgo de crédito (ISRC) durante los meses en los cuales se aplicó para la evaluación colectiva de este parámetro.

  • Ejercicios de sensibilidad de los parámetros a la inclusión de información de la cartera durante los períodos posteriores a los alivios financieros o medidas gubernamentales.
Se espera que con las ideas presentadas en los párrafos anteriores, las entidades puedan realizar un análisis sobre el impacto que el COVID-19 tiene en la estimación de pérdidas esperadas y reflejar de una manera más adecuada su situación financiera en el contexto actual.



Autor:
Eduardo Saavedra - Acting Partner de Riesgo y Actuaría PwC
Ramiro Bastidas - Gerente de Riesgo y Actuaría PwC


Fuente:
PwC Colombia

 

 

 

 


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